Mar

El mar que yo conozco es azul profundo, aunque en el presagio de tormenta se puede volver oscuro como las entrañas de un túnel. Está por todas partes el mar que yo conozco; como un abrazo líquido del cielo contra el mundo.

Set Portes Lluís Llach

Limpié el vinilo con una gamuza, lo coloqué en el plato y, con cuidado para que no se rayara, puse la aguja sobre los surcos: Gener del 76. Cara A. El piano: I avui que tinc el cos ple d’ànsia, la meva sang, les meves mans, els meus afanys… Y hoy que tengo el cuerpo lleno de ansia, mi sangre, mis manos, mis anhelos… Quise saber, conocer, aprender todo lo que hubiera detrás de ese piano y esa voz. Supe, conocí, aprendí. Traduje las palabras que no entendía, aunque de alguna manera, las entendía. Crecí. Escribí canciones. Canté. Soñé. Imaginé que quizá fuera posible que compartiéramos el escenario. En Octubre de hace casi 20 años, el milagro se hizo piel: las Siete Puertas de mi casa fueron Set Portes en la suya. Luego vino Novembre y sus palabras inmortalizando Octubre. El Olympia y la sensación de que Jaques Brel aún estaba ahí, dándome fuerzas. La Diada, aquel 11 de Septiembre en que el mundo cambió y las Torres Gemelas cayeron abatidas. Entre los papeles del recuerdo, en la casa de mi madre y el tocadiscos de la adolescencia, recupero una entrevista a dos voces y las fotos del abrazo cómplice. Aún puedo ver en mis ojos la mirada encendida del agradecimiento.

La meva casa al mar obre set portes,
no visc allà fa temps però m’hi esperen
els estris de pescar, la bici antiga,
voler i no saber com poder dir-te,
la mare i la llar, els peus, el trull d’atzars,
i un lloc on poder escriure’t.

mi casa está en el mar con siete puertas
yo ya no vivo allí pero me esperan
el cubo de pescar de cuando pibe
querer y no saber cómo decirte
la madre y el hogar los pies en el lagar
la lluvia y un lugar donde escribirte

Set Portes

Porque era noviembre
y un día de gracia
viniste a aprender y acabaste enseñándome.
Delgado como un hilo cosiste el Atlántico y mi pequeño Mar.
(Lluís Llach)

Novembre

Menguante

Una jardinera circular con dos entradas nos servía de campo; unos frutos con forma de castañuela, de pelota. ¿Cuántas horas dedicamos a ese juego tan sencillo, pero que por entonces era suficiente y nos bastaba? Le decían la placita, pero para nosotros era una plaza enorme rodeada de casas, flamboyanes y jacarandas. Me fui. La vida me encomendó nuevas tareas que requerían mi ausencia. Me subí a aviones y barcos que me llevaron a otros pueblos y a otras plazas. Pasamos de jugar, a invertir todo nuestro tiempo en actividades de mayor responsabilidad y más complejas. Volví, porque es ahí donde quedó enterrada la semilla primera. La plaza, ahora sí, era una placita. El tiempo, dolido por mi ausencia, decidió menguar todos los lugares de mi infancia.

el banco de mármol la plaza el velero 
cañones por banda la casa el colegio
el uno en la espalda del breve portero 
ya nada es lo mismo
menguaron pequeños

el patio las flores el invernadero
los verdes limones que da el limonero 
la lluvia golpeando el temor de mis sueños 
ya nada es lo mismo
menguaron pequeños

sólo el mar es igual
profundo y azul
más grande que yo
más grande que tú

Ángela

estaba escrito que algún día
partirías
tan en silencio y tan en calma
nos sobran las palabras
Ángela que guardas
las cuatro esquinas
de mi adolecer

como la luna que amanece
y permanece
tú tan discreta y tan presente
como la luna siempre
Ángela que meces
las cuatro esquinas
de mi adolecer

queda el niño
que baja la calle
y te busca
el niño en pijama
que baja la calle
y te llama

Ángela

Papá cantó

Ahora que he tocado un poco el cielo
quién pudiera preguntarte
los antídotos del miedo

Ahora que ha llegado el optimismo
quién pudiera preguntarte
como ser siempre uno mismo

Ahora que ya vi pasar el río
cuánto de esto ha sido tuyo
cuánto de esto ha sido mío