Menguante

Una jardinera circular con dos entradas nos servía de campo; unos frutos con forma de castañuela, de pelota. ¿Cuántas horas dedicamos a ese juego tan sencillo, pero que por entonces era suficiente y nos bastaba? Le decían la placita, pero para nosotros era una plaza enorme rodeada de casas, flamboyanes y jacarandas. Me fui. La vida me encomendó nuevas tareas que requerían mi ausencia. Me subí a aviones y barcos que me llevaron a otros pueblos y a otras plazas. Pasamos de jugar, a invertir todo nuestro tiempo en actividades de mayor responsabilidad y más complejas. Volví, porque es ahí donde quedó enterrada la semilla primera. La plaza, ahora sí, era una placita. El tiempo, dolido por mi ausencia, decidió menguar todos los lugares de mi infancia.

el banco de mármol la plaza el velero 
cañones por banda la casa el colegio
el uno en la espalda del breve portero 
ya nada es lo mismo
menguaron pequeños

el patio las flores el invernadero
los verdes limones que da el limonero 
la lluvia golpeando el temor de mis sueños 
ya nada es lo mismo
menguaron pequeños

sólo el mar es igual
profundo y azul
más grande que yo
más grande que tú

Ángela

estaba escrito que algún día
partirías
tan en silencio y tan en calma
nos sobran las palabras
Ángela que guardas
las cuatro esquinas
de mi adolecer

como la luna que amanece
y permanece
tú tan discreta y tan presente
como la luna siempre
Ángela que meces
las cuatro esquinas
de mi adolecer

queda el niño
que baja la calle
y te busca
el niño en pijama
que baja la calle
y te llama

Ángela

Papá cantó

Ahora que he tocado un poco el cielo
quién pudiera preguntarte
los antídotos del miedo

Ahora que ha llegado el optimismo
quién pudiera preguntarte
como ser siempre uno mismo

Ahora que ya vi pasar el río
cuánto de esto ha sido tuyo
cuánto de esto ha sido mío