Polvo

La persiana de la cocina era de madera y dividida en dos hojas. Una de las dos hojas dejaba entrar pequeños halos de luz en los que giraba el polvo. Pensó que el polvo no estaba sólo en el halo de luz sino por todas partes. De hecho, ahora mismo, pequeñas partículas tropezaban contra su cuerpo, contra el iris de sus ojos, entraban y salían de su boca. Ese pensamiento le desagradó, porque había oído decir que el polvo estaba formado por trozos que caían de nuestra piel.

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Percepciones

Solo estuvimos totalmente de acuerdo en aquellos momentos en que pudimos señalar las cosas con el dedo. Por lo demás, ¿cómo iba a saber yo lo que su mente imaginaba cuando hablábamos de un árbol, de una nube, de bancos alineados a lo largo del parque, de amores eternos, de estrellas fugaces, de barcas varadas a la orilla de un río, de estaciones nevadas o de canciones de amor?

La Mujer

El Mediterráneo lanza pequeñas lenguas de sal contra la arena. A lo lejos, una nube, como una gran tabla de surf varada sobre el azul del cielo. A ella la golpearon anoche: su marido. Ella dice que se va. Regresa a ese país del que ha venido; esquivando otros golpes. Agosto. Piel tostada. La mujer que puede morir piensa y decide, llora lenguas de sal contra la arena: abandono de Dios sobre el azul del cielo.

México

Queda la sensación de haber estado todo este tiempo aquí. Reconozco caras y calles. Me familiarizo con algunos trayectos y lugares; en esta ciudad desmadejada y torcida. Asfalto y piedras flotando sobre la laguna. Socavones, grietas; como huellas imborrables de un constante temblor. Como si nunca me hubiera ido. Tan sólo faltas tú. Por eso sé que me fui, y he vuelto.

Mar

El mar que yo conozco es azul profundo, aunque en el presagio de tormenta se puede volver oscuro como las entrañas de un túnel. Está por todas partes el mar que yo conozco; como un abrazo líquido del cielo contra el mundo.