Polvo

La persiana de la cocina era de madera y dividida en dos hojas. Una de las dos hojas dejaba entrar pequeños halos de luz en los que giraba el polvo. Pensó que el polvo no estaba sólo en el halo de luz sino por todas partes. De hecho, ahora mismo, pequeñas partículas tropezaban contra su cuerpo, contra el iris de sus ojos, entraban y salían de su boca. Ese pensamiento le desagradó, porque había oído decir que el polvo estaba formado por trozos que caían de nuestra piel.

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