Saramago y las Puertas de Daniela


Una larga entrevista de Juan Arias: El amor posible. Lo primero que conocí de Saramago fue su pensamiento; luego, leí alguna de sus novelas: Ensayo de la ceguera, Todos los nombres… Su pensamiento lúcido y necesario; tan preciso como la luz que proyecta un faro sobre la oscuridad del océano. Gracias a esa luz evitamos la colisión contra las grandes rocas cercanas a la orilla. Sus palabras me sirvieron como punto de partida para una de mis canciones más queridas y escuchadas:

“Creo que aunque viviésemos doscientos años, habrían puertas nuestras que seguirían cerradas. A lo mejor las puertas que uno puede abrir quizá no sean suficientes para poder expresar de una forma completa quién eres.”

Quería escribir  una canción sobre las puertas que todo ser humano guarda dentro de sí. Daniela me pareció un nombre lleno de musicalidad. Quizá resonaba en mi cabeza la voz de Gal Costa cantando Gabriela, aquella canción de Jobin que sirvió como banda sonora de la adaptación cinematográfica de Gabriela Clavo y Canela de Jorge Amado.

Rescato aquí la primera maqueta de Daniela (1998):

 

 

Anuncios

La Lluvia Nunca Vuelve Hacia Arriba

En 1998, unos versos de Bertolt Brecht me inspiraron la canción La Lluvia Nunca Vuelve Hacia Arriba:

La lluvia
no vuelve hacia arriba.
Cuando
la herida ya no duele,
duele la cicatriz.

Releídos años después, ahora pienso que Brecht quería decir que una vez que algo sucede ya es imposible volver atrás; porque igual que la lluvia no vuelve hacia arriba, cuando la herida ya no duele, duele la cicatriz. En aquel entonces, la interpretación que yo les di tenía más que ver con la idea de que las cosas solo suceden una vez y hay que aprovechar y vivir el momento. Como he dicho en alguna ocasión, cada cual destila los versos a su manera y dependiendo del momento; llegando incluso a hacer diferentes interpretaciones de un mismo poema.

Aquí les dejo la maqueta original de 1998 que grabé en mi casa cuando escribí la canción. La letra ya es la misma, el arreglo es similar, pero la estructura cambia un poco.

Violeta en la Torre de la Canción

El 5 de Febrero de 2017 se han cumplido 50 años de la muerte de Violeta Parra. Casualmente, revisando cassettes antiguos, una semana antes encontré esta canción: Violeta, que compuse en los años 80 y que formó parte del primer disco de la cantante canaria Marisa: La Razón de mi Canto. Más de 30 años después, firmo de nuevo este homenaje a una de las mujeres y artistas más grandes de todos los tiempos. Escribió Leonard Cohen sobre Hank Williams: “…lo escucho toser cada noche. Oh, cien pisos por encima de mí, en la Torre de la Canción“. En la Torre de la Canción, Violeta Parra sigue ocupando el Ático desde el que se ve todo lo que hay que saber sobre Música, Canciones y Vida.

Set Portes Lluís Llach

Limpié el vinilo con una gamuza, lo coloqué en el plato y, con cuidado para que no se rayara, puse la aguja sobre los surcos: Gener del 76. Cara A. El piano: I avui que tinc el cos ple d’ànsia, la meva sang, les meves mans, els meus afanys… Y hoy que tengo el cuerpo lleno de ansia, mi sangre, mis manos, mis anhelos… Quise saber, conocer, aprender todo lo que hubiera detrás de ese piano y esa voz. Supe, conocí, aprendí. Traduje las palabras que no entendía, aunque de alguna manera, las entendía. Crecí. Escribí canciones. Canté. Soñé. Imaginé que quizá fuera posible que compartiéramos el escenario. En Octubre de hace casi 20 años, el milagro se hizo piel: las Siete Puertas de mi casa fueron Set Portes en la suya. Luego vino Novembre y sus palabras inmortalizando Octubre. El Olympia y la sensación de que Jaques Brel aún estaba ahí, dándome fuerzas. La Diada, aquel 11 de Septiembre en que el mundo cambió y las Torres Gemelas cayeron abatidas. Entre los papeles del recuerdo, en la casa de mi madre y el tocadiscos de la adolescencia, recupero una entrevista a dos voces y las fotos del abrazo cómplice. Aún puedo ver en mis ojos la mirada encendida del agradecimiento.

La meva casa al mar obre set portes,
no visc allà fa temps però m’hi esperen
els estris de pescar, la bici antiga,
voler i no saber com poder dir-te,
la mare i la llar, els peus, el trull d’atzars,
i un lloc on poder escriure’t.

mi casa está en el mar con siete puertas
yo ya no vivo allí pero me esperan
el cubo de pescar de cuando pibe
querer y no saber cómo decirte
la madre y el hogar los pies en el lagar
la lluvia y un lugar donde escribirte

Set Portes

Porque era noviembre
y un día de gracia
viniste a aprender y acabaste enseñándome.
Delgado como un hilo cosiste el Atlántico y mi pequeño Mar.
(Lluís Llach)

Novembre

Menguante

Una jardinera circular con dos entradas nos servía de campo; unos frutos con forma de castañuela, de pelota. ¿Cuántas horas dedicamos a ese juego tan sencillo, pero que por entonces era suficiente y nos bastaba? Le decían la placita, pero para nosotros era una plaza enorme rodeada de casas, flamboyanes y jacarandas. Me fui. La vida me encomendó nuevas tareas que requerían mi ausencia. Me subí a aviones y barcos que me llevaron a otros pueblos y a otras plazas. Pasamos de jugar, a invertir todo nuestro tiempo en actividades de mayor responsabilidad y más complejas. Volví, porque es ahí donde quedó enterrada la semilla primera. La plaza, ahora sí, era una placita. El tiempo, dolido por mi ausencia, decidió menguar todos los lugares de mi infancia.

el banco de mármol la plaza el velero 
cañones por banda la casa el colegio
el uno en la espalda del breve portero 
ya nada es lo mismo
menguaron pequeños

el patio las flores el invernadero
los verdes limones que da el limonero 
la lluvia golpeando el temor de mis sueños 
ya nada es lo mismo
menguaron pequeños

sólo el mar es igual
profundo y azul
más grande que yo
más grande que tú